
Diez años tuvieron que pasar para que Avenged Sevenfold regresara a México con un gran show… y vaya que la espera valió cada segundo. El Estadio GNP, prácticamente lleno, fue testigo de una noche que no solo celebró música, sino memoria, redención y conexión cultural.
La historia pesaba desde 2009, cuando la banda acompañó a Metallica como teloneros y vivió uno de sus momentos más amargos en suelo mexicano. Matt Shadows lo recordó con humor y franqueza: “no fueron muy amables con nosotros”. Entre abucheos, pilas y monedas que llegaron a impactar a Zacky Vengeance, aquella experiencia resonó como un eco incómodo del pasado. Fue imposible no pensar en lo que vivió Twisted Sister en los 80 en Estados Unidos: rechazo inicial que, con los años, se transformó en cariño y culto. El rock está lleno de estas ironías históricas.

Pero 2026 contó otra historia.
Antes de seguir con la música, Shadows se abrió con el público y habló desde lo personal: recordó que, al ser de California, ha crecido rodeado de cultura mexicana su comida, su música, su gente; y expresó su profunda admiración por México como país y como comunidad. No fue un discurso vacío; se sintió genuino, cercano, agradecido.
Esa conexión quedó clara desde que, en 2017, la banda lanzó su versión de “Malagueña Salerosa”, un gesto que muchos interpretaron como un guiño respetuoso hacia sus fans mexicanos. Matt confesó que no estaba del todo seguro de interpretarla en vivo… pero más de 60 mil voces lo hicieron por él. El estadio entero la coreó y convirtió su debut en directo en uno de los momentos más emotivos de la noche.
El show arrancó con fuego puro:
“Game Over”, “Mattel”, “Afterlife”, “Hail to the King”, “Gunslinger”, “Buried Alive” y “The Stage” desplegaron el poder sonoro de la banda. Los solos de Synyster Gates y Zacky Vengeance retumbaron por todo el recinto, sostenidos por el bajo demoledor de Johnny Christ y la batería quirúrgica de Brooks Wackerman y como no podía ser de otra manera, voz totalmente recuperada de Matt Shadows. Sonido monumental para un escenario monumental.

Luego llegó el momento de silencio y memoria.
Durante “So Far Away”, el estadio se detuvo. El nombre de Jimmy The Rev resonó en cada rincón, un homenaje colectivo al baterista fallecido en 2008. En esa pausa cargada de emoción, Matt recordó lo vivido en 2009 y compartió una confesión poderosa: tras aquella experiencia, The Rev les dijo que algún día regresarían a ese mismo recinto… pero como acto principal. Esa noche, esa promesa se cumplió.
Además, Shadows reveló que antes del concierto envió un video a Lars Ulrich, baterista de Metallica, diciendo: “Ahora es nuestro turno de tocar aquí”. El estadio estalló entre risas, aplausos y orgullo compartido.

La energía volvió a subir con una ráfaga imparable:
“Bat Country”, “Nobody”, “Nightmare”, “Malagueña Salerosa”, “Unholy Confessions” y “Save Me” encendieron mosh pits visibles desde las gradas. Las pantallas, las luces y los miles de celulares encendidos convirtieron el GNP en un océano de movimiento, energía y brillo.
Antes del cierre, la banda bajó las revoluciones con “Cosmic”, una pieza reflexiva que invitó a respirar, sentir y saborear el momento. Por unos minutos, el caos dio paso a una especie de comunión silenciosa entre banda y público. Algo intangible. Algo realmente… cósmico.

Pero Avenged Sevenfold no se despide con calma.
Sin previo aviso, Shadows lanzó el golpe final: “A Little Piece of Heaven”. De cero a cien en segundos. Teatro macabro, ritmo frenético y adrenalina pura para sellar la noche.
Entre ovaciones, sonrisas y una promesa de regresar pronto, Avenged Sevenfold dejó claro que la espina de 2009 quedó oficialmente enterrada. Para miles de fans que viajaron desde distintas partes de México y que lo celebraron en redes, este concierto no fue solo un show: fue un capítulo de redención en vivo.
Y sí… valió la espera.
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